Si yo fuera pintor, un pintor de los buenos, y tuviera el encargo de pintar una sierra sin duda sería la sierra de Cadiz, y más concretamente Benaocaz. Un pequeño y hermoso pueblo donde la magia del viaje en el tiempo y la calidad de su aire, su agua y su gente suelen rebosar las expectativas de los visitantes. En realidad es uno de esos sitios donde una vez que te marchas siempre piensas cuando tocará volver. Perteneciente a la Ruta de los Pueblos Blancos de Andalucía, cuenta con un paraje realmente impresionante, y unos juegos de luces únicos.
Hace muchos años cuando empezaba a hacer fotos con ganas de sacar algo lo menos cutre posible, usaba una fujifilm finepix f602 una “hibrida” y en Benaocaz saqué uno de esos primeros paisajes en los que empiezas a experimentar con atardeceres y la mezcla del naranja y el azul tan exquisita en cielos límpios y sanos lejos de las ciudades. Así que cuando tocó volver decidí directamente darle una importancia extra a la luz… y fué la luz la que me atrapó a mí.
Así comienza esta trilogía, que será este post, y dos más, que verán a la luz en estos días. Os dejo con la galería, quisiera destacar el olor a vida sana, el olor a aire limpio y vegetación feliz hizo mucho por estas fotos.

Volvería una y mil veces!! Me enamoré de su luz y sus gentes.